Acerca de la economía, los abrelatas y el desafío de entender
«La tragedia del espíritu moderno consiste en que “resolvió el enigma del universo” pero sólo para reemplazarlo por el enigma de sí mismo.»
Alexandre Koyré 1
Existen un par de chistes, bastante conocidos, que expresan cómo nos sentimos frecuentemente aquellos que hemos estudiado economía. El primero cuenta que iban dos hombres viajando en un globo y el viento los desvió de su rumbo. Totalmente desorientados, ven un hombre abajo y le gritan: “Señor! Podría decirnos donde estamos??!!” A lo que éste responde: “En un globo!!!”. Inmediatamente, uno de los hombres en el globo dice: “Evidentemente, se trataba de un economista…”. “¿Por qué lo dices?”- pregunta el otro. “Bueno, verás… es sencillo: su respuesta es rigurosamente lógica, evidentemente verdadera, y no sirve absolutamente para nada”.
El segundo chiste es aquél del economista náufrago en una isla cuyo único alimento es una lata de sardinas, y que, desesperado por comer, resuelve el problema diciendo: “Supongamos que tuviera un abrelatas…”.
Es en este estrecho campo limitado entre la obviedad del sentido común y la arbitrariedad e inverosimilitud de nuestros supuestos que los economistas (tanto profesionales como estudiantes) nos movemos.


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