
A comienzos de diciembre de 2001, apenas unos días antes del desplome económico de la salida de la Convertibilidad, apremiado por las circunstancias, Domingo Cavallo adoptó una medida extrema: el tristemente célebre “Corralito“. Como resultado de esta medida, la gente ya no podía disponer en efectivo del dinero que tenía en los bancos.
Mientras la mayoría se desesperaba y entraba en pánico, yo calladamente celebraba. De manera involuntaria, Argentina se lanzaba al primer gran experimento de virtualizar el dinero, haciendo que prácticamente todas las transacciones económicas estuvieran bancarizadas. Y yo estaba convencido de que el resultado sería revolucionario.
Semanas después vino la devaluación, la “pesificación asimétrica” y el “Corralón“ (reprogramación de los depósitos), que implicó una significativa confiscación de los ahorros de los Argentinos. El salvajismo de estas últimas medidas acabó por desatar el odio de los ahorristas, que se volcaron masivamente a las calles y apedrearon por meses las fachadas de los bancos. Así, un aluvión de ira acabó sepultando rápidamente ese osado (aunque forzado) experimento.
Solucionar el Corralón demoró años, pero de todas las locuras que surgieron durante ese caos, hubo una que se normalizó rápidamente: menos de un año después de su entrada en vigencia, Roberto Lavagna dispuso el regreso del efectivo a las transacciones económicas, poniendo fin al “Corralito”.
En este post, yo quiero argumentar que es hora de que volvamos a intentarlo. → leer más
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Uno de los grandes misterios de mi vida es por qué decidí ser economista, siendo que en general no me gusta para nada la economía. Pero cada vez que leo cosas sobre “Economía del comportamiento” me doy cuenta qué fue lo que me atrajo. En particular, me pasó mucho eso al leer el libro “Freakonomics” y su secuela, “SuperFreakonomics”.
Leyendo este último supe de un experimento fascinante que hizo un economista de la Universidad de Yale: investigar qué sucede si introducimos el uso de dinero en monos. Los resultados son sorprendentes y las potenciales conclusiones muy profundas. → leer más
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«La tragedia del espíritu moderno consiste en que “resolvió el enigma del universo” pero sólo para reemplazarlo por el enigma de sí mismo.»
Alexandre Koyré 1
Existen un par de chistes, bastante conocidos, que expresan cómo nos sentimos frecuentemente aquellos que hemos estudiado economía. El primero cuenta que iban dos hombres viajando en un globo y el viento los desvió de su rumbo. Totalmente desorientados, ven un hombre abajo y le gritan: “Señor! Podría decirnos donde estamos??!!” A lo que éste responde: “En un globo!!!”. Inmediatamente, uno de los hombres en el globo dice: “Evidentemente, se trataba de un economista…”. “¿Por qué lo dices?”- pregunta el otro. “Bueno, verás… es sencillo: su respuesta es rigurosamente lógica, evidentemente verdadera, y no sirve absolutamente para nada”.
El segundo chiste es aquél del economista náufrago en una isla cuyo único alimento es una lata de sardinas, y que, desesperado por comer, resuelve el problema diciendo: “Supongamos que tuviera un abrelatas…”.
Es en este estrecho campo limitado entre la obviedad del sentido común y la arbitrariedad e inverosimilitud de nuestros supuestos que los economistas (tanto profesionales como estudiantes) nos movemos.
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Pese a que no era el objetivo central del viaje, dado el momento difícil que vivimos, el tema de la crisis financiera apareció con casi todos los interlocutores.
Acá va un resumen de las cosas más interesantes que se dijeron y mi visión personal sobre ese tema, desde la coqueta playa de Barracas Beach a orillas del Riachuelo. → leer más
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