Hace justo un año escribí un post de cuatro escenas hablando sobre el gran desafío que es ser padres hoy en día. Si tienen hijos y no lo vieron en su momento los invito a que lo vean antes de seguir leyendo.
Hoy la pregunta es la contraria… ¿cuán grande es el desafío de ser hijo hoy?
Mi hijo del medio viene teniendo cada tanto períodos de miedo, en los que no le gusta quedarse solo en un ambiente de la casa y se pone más apegado a nosotros.
Hace unos seis meses mi esposa le preguntó qué cosas le daban miedo. En mi infancia la respuesta podría haber sido “al hombre de la bolsa” o “al cuco”. Mi hijo respondió que le tenía miedo “a los monstruos, a la fiebre porcina y a la gripe A”. A nosotros en ese momento nos sorprendió que a los cinco años fueran esas sus preocupaciones.
Hace un par de semanas andaba asustado de nuevo y mi esposa volvió a preguntarle y su respuesta fue mucho más sorprendente. Esta vez dijo muy serio que le temía “a los monstruos, a los vampiros… y a la esposa de Tiger Woods” (!!!).
Ayer llevé a mis hijos varones a la cancha a ver a Boca. El mayor ya había ido una vez antes, el menor iba por primera ocasión.
Durante toda la semana anterior, las primeras palabras de mi hijo más chico al levantarse fueron: “Hoy faltan x días para ir a la cancha”. Así fue llevando la cuenta regresiva…
El día finalmente llegó. La idea era divertirnos y pasar un buen rato juntos, no buscar lecciones de vida. Pero la vida tiene eso… decide enseñarte cosas cuando menos lo estás buscando.
Aquí quiero compartir con ustedes las dos imágenes con las que me quedo de ese rato único con mis chicos.

Estoy en una plaza con mis hijos. El mayor de ellos, que en ese momento tenía unos siete años, se esfuerza por descolgarse de una trepadora. En la de al lado, un chico que aparenta ser algo menor también intenta hacerlo cuando de repente noto que estaba asustado por la altura y me acerco ofreciendo ayudarlo. Mi hijo me alecciona: “Papá, no se puede ayudar a desconocidos. No hay que hablar con quien no conocés.”
Instantáneamente quiero decirle que no es así. Que, por el contrario, siempre hay que ayudar a los demás cuando está a nuestro alcance hacerlo. Pero no pude…
Me horroricé. Empujados por un mundo más peligroso que aquél en el que crecimos, estamos criando chicos ’seguros’ al precio de hacerlos insolidarios.

“La vida puede ser lo que uno quiere. Este es mi cuerpo y me corto el pelo como quiero”. La frase no tendría nada de significativa si no fuera porque fue dicha esta mañana a mi esposa por nuestro hijo de cuatro años y medio.
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