Hace unas semanas, Ángel “Java” López me dedicó via Twitter un post llamado “Carpe Diem, aprovecha y goza el día”, donde él discute la célebre escena de Robin Williams en “La sociedad de los poetas muertos” en que el profesor les recuerda a los alumnos que nuestra vida es breve y les enseña a “disfrutar el día” (en español, acá). (Nota: si hay alguien TAN joven que no ha visto la película, le recomiendo que deje ya mismo lo que sea que esté haciendo, se vaya a un videoclub y la vea hoy mismo!)
En ésta época del año en que la mayoría estamos haciendo balance y tomándonos unos minutos para repensar nuestors rumbos, quiero dedicar un post a discutir la idea de “aprovechar el día” y su versión hermana, “vivir cada día como si fuera el último”.
Aquí voy a argumentar la postura opuesta a la del post de Ángel y del “Profesor Keating”. Lo hago, no con el ánimo de polemizar, sino de promover una discusión filosófica sobre cómo vivir los días que nos quedan de una manera provechosa y gratificante.
El fracaso tiene un lugar muy diferente en la cultura latina que en la anglosajona. En nuestros países latinos conlleva un estigma social y legal peor aún que las consecuencias del fracaso mismo.
Desde el punto de vista de la valoración social, en el mundo sajón importa más la naturaleza de tus intenciones y la intensidad de tu esfuerzo que el resultado mismo de tus actos. Allí se condena al malintencionado o al que no pone suficiente empeño, pero nadie opina que fracasar sea malo en sí mismo.
Yendo un paso más allá, en la búsqueda de capital de un emprendedor haber tenido un fracaso previo puede ser visto como muy positivo. Las condiciones para ello son: que no haya habido mala intención, se haya “dejado todo en la cancha” y se haya aprendido del proceso. Ejemplos de esta visión pueden encontrarse en medios como Business Week y Fast Company, en discursos de graduación de universidades o en numerosos blogs.
Así, mientras en un lugar fracasar es algo terrible y en el otro algo positivo, un estudio realizado recientemente muestra que no es una cosa ni la otra.

Estoy en una plaza con mis hijos. El mayor de ellos, que en ese momento tenía unos siete años, se esfuerza por descolgarse de una trepadora. En la de al lado, un chico que aparenta ser algo menor también intenta hacerlo cuando de repente noto que estaba asustado por la altura y me acerco ofreciendo ayudarlo. Mi hijo me alecciona: “Papá, no se puede ayudar a desconocidos. No hay que hablar con quien no conocés.”
Instantáneamente quiero decirle que no es así. Que, por el contrario, siempre hay que ayudar a los demás cuando está a nuestro alcance hacerlo. Pero no pude…
Me horroricé. Empujados por un mundo más peligroso que aquél en el que crecimos, estamos criando chicos ’seguros’ al precio de hacerlos insolidarios.
Hablando un tiempo atrás con una amiga, ella me pidió un consejo diciendo que no sabía bien qué hacer de su vida. Que hacía meses que daba vueltas sin tener claro qué elegir. Mi respuesta fue simple: “No importa lo que elijas. Lanza una moneda y que sea el azar quien decida“.

En este mundo, ninguna receta puede garantizarnos el éxito. Pero asegurarnos el fracaso es bastante fácil y podemos hacerlo nosotros mismos, sin ayuda de nadie.
Hace unos años atrás leí el libro “El alquimista” de Paulo Coelho. No me gustó para nada. Su filosofía básica puede resumirse en que “cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño”. Es, en resumidas cuentas, el “tu puedes”, la visión voluntarista, llevada al extremo.
Esta semana escribí un post sobre el impacto de la crisis financiera. En uno de los comentarios, con mucha diplomacia Inés (que por una de esas casualidades viene a ser mi mamá!) objetó mi visión de la crisis como oportunidad, asociándola a una visión al estilo Coelho.
Reconozco que puede haber sonado a eso, pero nada más alejado de mi manera de pensar. Este es un mundo que en general conspira para que la mayoría de las personas no tengamos lo que queremos. Casi nunca es verdad que “si tu quieres, tu puedes”.
Tanto la versión “si quieres, puedes” como la lógicamente equivalente “si no puedes es porque no quieres” son sobresimplificaciones crueles, que generan falsas expectativas y, ante el fracaso, ponen la culpa en la persona.
Lo que para mí sí es una regla muy importante y casi universal, es que “si tu NO quieres, NO puedes”.
Lo que esta regla dice es bien distinto de las otras dos. Lo que dice es que nunca algo bueno ocurre sin que exista por detrás el poder de la voluntad para conseguirlo. La voluntad no es suficiente, pero es imprescindible.

Hace unas semanas estuve en la reunión del Consejo Asesor de Prosperar, la Agencia Nacional de Inversiones Argentina. Ahí Alec Oxenford mencionó un tema que a mí me preocupa mucho: él contó que en una charla hace unos días le preguntó a la audiencia quiénes eran sus empresarios más admirados. Y que todos en la audiencia lo miraron con cara de si estaba loco. Y que, después de pensar un buen rato, la única respuesta que surgió fue Marcelo Tinelli.

Todos sabemos que hay una sola certeza en esta vida: que tarde o temprano, todos vamos a morir. Y sin embargo vivimos la mayor parte del tiempo desalineados de nuestras verdaderas prioridades en la vida.
Mucho se ha escrito en los últimos meses acerca de Randy Pausch, y especialmente desde la semana pasada, en que lamentablemente murió. Tanto se ha dicho que seguramente ya debes haber visto al menos una vez su última charla (hay también una versión abreviada y subtitulada sacada del programa de TV Oprah). Así que este post no es para recomendarte que la veas, aunque sin duda vale la pena que lo hagas si no lo has hecho aún.

Hace algún tiempo atrás tuve la oportunidad de asistir a un acto encabezado por Toty Flores, del MTD-La Matanza, en La Juanita. Uno de los oradores fue un joven rabino llamado Alejandro Avruj a quien yo nunca había escuchado hablar. Dio un discurso sumamente lúcido sobre nuestro rol como ciudadanos para hacer de la Argentina un mejor país donde puso el foco en que no hay que pedirle a Dios que nos ayude sino arremangarse y ponerse a trabajar en lograr un cambio.
Lo que quiero compartir ahora con ustedes es una pequeña historia sacada del Talmud con la que él cerró su participación. Quiero compartirla tanto por la belleza de su enunciación como por la profundidad, potencia y relevancia de su mensaje.
La historia dice que hace muchos muchos años atrás, en un pueblo había dos rabinos muy sabios. Los seguidores de cada uno disputaban entre ellos cuál de los dos era más sabio. Un muchacho finalmente tuvo una idea: atrapar una mariposa y llevarla encerrada en su mano ante el otro rabino y preguntarle: “Esta mariposa aquí en mi mano, ¿está viva o muerta?”. Si el rabino respondía “viva”, antes de abrir la mano apretaría la mariposa con el puño y mostraría que estaba muerta. Si por el contrario respondía “muerta”, abriría la mano y la dejaría salir volando.

OK. Acá voy. Después de dudar por un largo, largo tiempo, estoy empezando el billonésimo blog en internet.
Como era de esperar, el tema principal va a ser Entrepreneurship, pero planeo escribir sobre muchos otros temas también. El denominador común del blog no será el propio Entrepreneurship sino el Riesgo.
Por supuesto, que el Entrepreneurship y el Riesgo son dos cosas que están íntimamente ligadas. Pero mientras el Riesgo es una parte clave del proceso emprendedor, aplica también a muchos otros órdenes de la vida. Uno puede tomar riesgos en un negocio o start up. y, cuando lo hacemos, nos salimos de la “zona de comfort” y agregamos un poco de emoción al trabajo. Pero, esto mismo podemos hacer en nuestra vida cotidiana y ganar así un día a día más pleno, más estimulante.
Este blog es un viaje que estoy recién comenzando. No es en modo alguno un lugar para enseñar nada. Más bien es un intento de comunicarme con otros para que, colectivamente, creemos caminos y modos de transitarlos que nos ayuden a todos vivir una vida más. ¡Nos deseo suerte!
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