Hoy todos somos gays

Rainbow pride

Yo siempre sentí una gran admiración por aquellas personas que, sea en el terreno que fuere, se atreven a perseguir aquello que desean, aún cuando eso implique contrariar las expectativas de la mayoría uniforme. Esto así, por ejemplo, en la elección vocacional de quien elige ser geólogo o artista, cuando todos a su alrededor esperaban que fuera abogado. Pero es especialmente cierto en el tema de la elección sexual, donde animarse a reconocerse gay es una decisión de las más valientes que existen. El lugar común de que hay que ser muy “macho” para ser gay es, a mi modo de ver, una gran verdad asimilando “macho” con “valiente” y no con la simple exacerbación de la masculinidad, que no implica coraje alguno.

La prueba de la bicicleta y la plata del taxista

bici

Dos páginas de internet, dos experimentos sociológicos.

Por un lado, La Prueba de la Bicicleta: un grupo de jóvenes argentinos deja bicicletas apoyadas en un poste sin candado y filma con una cámara oculta cuánto tiempo pasa hasta que alguien las roba.

Resultado: previsiblemente, en la mayoría de las esquinas de Buenos Aires la bicicleta no llega a durar 10 minutos. Cuando el experimento se realiza en España el resultado es bastante distinto. En casi todos los casos la bicicleta aún está ahí dos horas después.

Por otro lado, la historia de Santiago Gori, el taxista que devolvió una mochila con U$S 35.000 que una pareja de pasajeros olvidó en su taxi. El hecho de que él los haya buscado para reintegrarles el dinero fue noticia en todos los diarios de Argentina y algunos del exterior. La honestidad, a primera vista, resulta inesperada y sorprendente. Pero lo mejor de la historia vino después.