¡A fracasar!

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El fracaso tiene un lugar muy diferente en la cultura latina que en la anglosajona. En nuestros países latinos conlleva un estigma social y legal peor aún que las consecuencias del fracaso mismo.

Desde el punto de vista de la valoración social, en el mundo sajón importa más la naturaleza de tus intenciones y la intensidad de tu esfuerzo que el resultado mismo de tus actos. Allí se condena al malintencionado o al que no pone suficiente empeño, pero nadie opina que fracasar sea malo en sí mismo.

Yendo un paso más allá, en la búsqueda de capital de un emprendedor haber tenido un fracaso previo puede ser visto como muy positivo. Las condiciones para ello son: que no haya habido mala intención, se haya “dejado todo en la cancha” y se haya aprendido del proceso. Ejemplos de esta visión pueden encontrarse en medios como Business Week y Fast Company, en discursos de graduación de universidades o en numerosos blogs.

Así, mientras en un lugar fracasar es algo terrible y en el otro algo positivo, un estudio realizado recientemente muestra que no es una cosa ni la otra.

Un recordatorio sobre la única certeza en la vida

Todos sabemos que hay una sola certeza en esta vida: que tarde o temprano, todos vamos a morir. Y sin embargo vivimos la mayor parte del tiempo desalineados de nuestras verdaderas prioridades en la vida.

Mucho se ha escrito en los últimos meses acerca de Randy Pausch, y especialmente desde la semana pasada, en que lamentablemente murió. Tanto se ha dicho que seguramente ya debes haber visto al menos una vez su última charla (hay también una versión abreviada y subtitulada sacada del programa de TV Oprah). Así que este post no es para recomendarte que la veas, aunque sin duda vale la pena que lo hagas si no lo has hecho aún.